Agosto de 2013

Amsterdam en 3 pasos en: http://www.3xelmundo.com/amsterdam-3p/

Esta vez sí que no funcionó el talismán del Sr. Marqués y llovió a cántaros durante todo el camino de Bruselas a Amsterdam, que hicimos en un coche alquilado sin gps, sin mapa y sin conexión a internet. Sólo llevábamos la guía impresa, a mí de copiloto y al Sr. Marqués, que era el único que conocía la ciudad, recostado plácidamente en el asiento trasero. Se mascaba la tragedia.

Entramos en la ciudad con los limpiaparabrisas a todo lo que daban de sí y siguiendo los carteles de “centrum” que veíamos a duras penas. De repente, notamos cómo atravesábamos las vías del tranvía, casi atropellamos a unos cuantos ciclistas, y el asfalto se volvió suelo adoquinado. “Sr. Marqués, ¿esto es la plaza Dam?”. El Sr. Marqués miró por la ventanilla y respondió afirmativamente sin inmutarse demasiado. No es que hubiéramos llegado a la plaza Dam, es que estábamos dentro de la plaza Dam.

Plaza Dam, el centro de nuestras vidas durante 24 horas

Plaza Dam de Amsterdam

Cuando conseguimos salir del embrollo, nos dirigimos- ahora ya sí guiados por el Sr. Marqués que empezó a recordar y a centrarse en la ciudad- hacia el parking de la Estación Central de Amsterdam para dejar el coche. Bajo la lluvia y sin paraguas, hicimos el camino de vuelta hacia la Plaza Dam, parando en una especie de “agencias de viaje” centralizadas por el Ayuntamiento que ofrecían excursiones y alojamiento a los turistas (había unas cuantas en el trayecto de menos de un kilómetro en línea recta por la calle Damrak). Era festivo, había varios eventos en la ciudad y la oferta hotelera parecía estar completa. Tras varias horas, conseguimos una habitación triple en el hotel Doria, un poco caro (50 euros por persona para una noche), pero tampoco teníamos muchas más opciones. Eso sí, estaba a 5 metros (literal) de la Plaza Dam. No había manera de alejarse de ella.

A las calles… o a los canales

Habíamos consumido más tiempo que el que esperábamos para llegar a Amsterdam y conseguir alojamiento, así que, en vista del tiempo que nos quedaba allí, decidimos optimizarlo dando una vuelta por lo más destacado de la ciudad, recorrer sus canales, maravillarnos con su arquitectura tan distintiva y disfrutar de un paseo muy agradable en una tarde en la que cesó la lluvia.

Al atardecer, después de más de 4 horas de caminata con una breve parada para comernos un sándwich, nos dirigimos hacia el barrio Rojo, cercano a nuestro hotel. Lo vimos muy de pasada porque realmente no atrapó nuestro interés, al igual que los famosos coffee shops que abundan como setas por toda la ciudad, pero en los que tampoco entramos.

Descansamos un rato y nos volvimos a echar a las calles a ver cómo es la famosa vida nocturna de Amsterdam. Cenamos a las 12 de la noche en un restaurante italiano debajo del hotel y nos fuimos de bares por una zona que recordaba el Sr. Marqués de su anterior viaje. No había mucha animación, quizás por ser un 15 de agosto, así que si queremos disfrutarla de verdad, ya tenemos una excusa para volver.

¿Cómo serán por dentro?

Otra excusa que tenemos para volver, es poder visitar alguno de sus museos más representativos, como El Museo de Van Gogh, el Rijksmuseum o la Casa de Ana Frank, o aquellos que son más lúdicos o no tan “culturales” como Heineken Experience.

Con tan poco tiempo, no pudimos llegar a todo. Para poder haberle sacado más jugo a Amsterdam hubiéramos necesitado un par de días más. Pero al menos, Flower y yo conseguimos conocer una de las ciudades que llevábamos tiempo queriendo ir y no había sido posible por distintas razones. Lo mismo pasó ese año con Estambul, que logramos conocerla, esta vez sí que a fondo. Pero eso ya es historia de otro post.

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