Agosto de 2014

Cerdeña en 3 pasos en: http://www.3xelmundo.com/cerdena-3p/

Movimos medio pasaje del avión. Así comenzó nuestro viaje a Cerdeña. Vale que hicimos una de “rubias”, ya que llevábamos la fila 3 y en vez de mirar los números de los asientos, contamos 3 filas y nos sentamos, sin tener en cuenta que en un lado del avión iban los números pares y en el otro los impares. Pero para “rubios” todos los que subieron detrás, que hasta que no faltaba 1 fila por acomodarse para completar del vuelo y ya no había asientos, nadie se dio cuenta del error… Y tuvimos que levantarnos y sentarnos todos una fila más adelante. Igual era que el ritmo isleño sosegado de los sardos ya nos iba invadiendo a todos antes incluso de despegar el avión.

Cagliari a vista de pájaro

Alquilamos nuestro coche con Hertz , con un par de inconvenientes: una discusión en ventanilla por un seguro extra que nos querían cobrar de más y 2 horas de espera (de reloj) en el parking porque no había vehículos disponibles. Ni tan mal comparado con un numeroso grupo de españoles, algunos de los cuales viajaban con nosotros en el avión, que discutían a gritos con la que atendía un negocio local de alquiler de vehículos por no facilitarles los que habían reservado y amenazaban constantemente con llamar a los carabinieri. Al salir del aeropuerto, ellos aún seguían allí.

Con esta llegada abrupta a la isla, nuestro primer refugio fue el B&B Lewisrooms Affittacamere. Ubicado en pleno centro de la ciudad, a mitad de camino entre la “parte moderna” del puerto y la “parte histórica”, con un parking cercano y barato- imprescindible en esa parte de la ciudad, de calles peatonales o estacionamiento de pago- estaba regentado por María, a la que no pudimos por menos que apodar “Mamma María”. Esto fue debido a sus cuidados de la habitación (limpieza diaria, nos ordenaba hasta los zapatos si los dejábamos tirados), hacia nosotras (siempre atenta con una sonrisa) y sus precisas recomendaciones.

Cagliari

La primera de esas recomendaciones fue que visitáramos el Bastión de Saint Remy y disfrutáramos de su impresionante atardecer, con vistas de toda la ciudad. Un buen lugar también para conocer la cerveza sarda, Ichnusa. Pero nada de quedarnos a cenar por allí, que es muy caro: mejor que nos bajáramos a la calle Cerdeña, llena de trattorias a un precio asequible y donde van no sólo los turistas sino también los habitantes de Cagliari. Le faltó decir “hala niñas, que llegáis tarde, iros ya” y hacernos salir de casa. Era la viva encarnación del estereotipo de la Mamma italiana.

Cargada de historia y a pesar de que no es muy grande (150.000 habitantes), Cagliari tiene los suficientes atractivos turísticos y culturales para visitarla al menos durante un fin de semana.

Al casco antiguo, denominado Il Castelo y situado en los alrededores del Bastión de Saint Remy, se accede desde un ascensor gratuito (muy recomendable, aunque hay ruta a pie es realmente una cuesta empinada). Se compone de callejuelas empedradas, con algunos edificios destacables como la Universidad, La Torre del Elefante (que es puerta además de torre) o la Catedral de Santa María. Es un paseo tranquilo que puede llevarte medio día, con parada inexcusable en uno de sus cafés para admirar las vistas de la ciudad o simplemente para disfrutar de la calma y el silencio que se respira allí.

La parte moderna de la ciudad es justamente lo contrario: dinámica, comercial y bulliciosa. Conserva algunos edificios señoriales en el barrio de la Marina (como los de la Via Roma, enfrente del Puerto), que contrastan con aquellos que rememoran las casas de los pescadores: de colores, con persianas abatibles de madera en las ventanas. En esta parte de la ciudad se encuentra una amplia y variada oferta comercial, de restauración (la Calle Cerdeña es una de ellas) y de ocio nocturno (terrazas muy agradables y respetuosas con el descanso de los vecinos, algunas de las cuales ni siquiera tienen música y cuyo horario no sobrepasa en ningún caso la 1 de madrugada). Si quieres prolongar la noche, hay que desplazarse hasta el Poetto, a unos 4 kilómetros de la ciudad, donde hay múltiples discotecas-terrazas a pie de mar.

¿Te gusta conducir?

El sur de Cerdeña es uno de los sitios donde he pasado más tensión al volante de un coche. No es que vayan lento, es que conducen mal: paran donde quieren, acelerones sin sentido, cruces en mitad de una rotonda.. y por supuesto, los intermitentes de adorno. Creo que yo estrené el del coche de alquiler.

Las carreteras tampoco ayudan: casi no hay tramos de autovía y para acceder a las playas hay que ir por vías de doble sentido y atravesar pequeñas poblaciones. Así, los trayectos, que son cortos en distancia, se prolongan en el tiempo. Eso sí, merece la pena pararse en alguno de sus miradores (algunas veces directamente en alguna cuneta que sea un poco ancha) a contemplar el paisaje y las infinitas tonalidades del agua.

Spiaggia, spiaggia!!!

Se nos ocurrió preguntarle a María si, ya que íbamos a pasar 7 días en Cagliari, si había alguna ciudad cercana que mereciera la pena conocer. Nos miró extrañada como si hubiéramos pronunciado un sacrilegio y nos gritó “spiaggia, spiaggia!”. Acto seguido, nos llevó ante un mapa, empezó a recomendarnos lugares, nos encasquetó una sombrilla y prácticamente nos volvió a sacar de casa como el primer día entre gesticulaciones varias y protestas a media voz en italiano que ya no comprendimos.

Así, muy obedientes, todos los días al levantarnos le indicábamos en el mapa a qué playa habíamos ido en la jornada anterior, y nos señalaba otra. En un radio de 80 kms. alrededor de Cagliari hay multitud de playas a elegir, a cual más espectacular. Todas tienen parking (la mayoría de pago) y un chiringuito con comida básica (paninis, ensaladas, snacks..). La excepción a este tipo de chiriguito “básico” la encontramos en Villamisius, una localidad turística con restaurante en la playa donde degustamos un arroz espectacular.

playa de Villamisius

Del resto de playas o calas donde estuvimos, me quedo con 2: la de Chía, por ser la primera a la que fuimos y por contar con una laguna habitada por flamencos, y la de Is Cannaledus, una cala de piedra (hay hamacas de alquiler) a la que se accede a través de un bosque en el que hay hasta lugares indicados para ver mejor las estrellas, desierta, con un encanto y una energía especial.

La última playa que pisamos fue la del Poetto, la considerada “playa urbana” de Cagliari, por no disponer de más tiempo antes de coger el avión de vuelta. A pesar de ser la típica playa familiar, con gente, ruido, niños corriendo por la arena, familias con la nevera… era tan parecida a las que te puedes encontrar en algunos lugares de España que hizo que nos sintiéramos como en casa. Una vez más.

playa del Poetto

Podríamos haber seguido a ese ritmo unos cuantos días más, de playa en playa, cenando pasta marinera, bebiendo vino blanco de la tierra y mirando las estrellas con un spritz en la mano desde una terraza al fresco de la noche. Pero era hora de volver, y además como el norte de la isla está bastante lejos para una excursión de un día (de Cagliari a Alghero hay casi 250 kilómetros), así teníamos excusa para volver. Pero eso ya es historia de otro post.

5 thoughts on “Cerdeña: Mediterráneo en estado puro (parte I)”

    1. Me has hecho recordar todas esas anécdotas que mi memoria de pez no consigue retener, vaya la que liamos saltando la fila 3, ja ja ja.
      Siempre un placer viajar contigo, gran compañera de viajes e increíble escritora.

      Besos

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