Enero de 2013 y mayo de 2014

En 3 pasos: http://www.3xelmundo.com/fuerteventura-3p/

He ido dos veces a la isla, una para apaciguar un mal trago de la vida y otra de celebración. En ambos casos, lo que me ha hecho darme cuenta de que había llegado era un elemento que se encuentra según sales al parking exterior del aeropuerto a la derecha: una palmera. Si miras bien, puedes verla toda tiesa frente a los embistes del viento- que en Fuerteventura los hay-, al lado de un poste de los que miden la temperatura- templada y maravillosa todo el año- y enmarcada por un cielo azul completamente despejado. Poneros en mi lugar, yo que odio el frío y odio volar. Ya me he bajado del avión y noto el calorcito a pesar de que es pronto por la mañana. No oigo ruidos a pesar del parking cercano. Nadie grita ni corre. Cierro los ojos y respiro hondo. Me dejo llevar por la paz y la calma que me acogen.

Mar y montaña

Bueno, exactamente montaña… un pequeño puerto en el centro de Fuerteventura que no cuesta nada subir y que, además, merece la pena, por las vistas que se tienen de la isla desde allí. Los más aventureros pueden subirlo en bicicleta. Es muy común encontrarse ciclistas por todas partes, por el buen tiempo y por el tráfico que hay, nada estresante. Salvo en las rotondas, que los lugareños las cogen y señalizan a su manera, y  donde conseguí que me pitaran al hacerla a la manera peninsular, igual era el tercer claxon que sonaba en toda la historia de la isla. No es que conduzca mal, pero tengo la extraña habilidad para conseguir que me piten en lugares donde habitualmente no se oye un pitido ni por equivocación, como Fuerteventura o Copenhague (éste último ya os lo contaré en una próxima entrada del blog).

Alquilamos coche en el aeropuerto. Entonces había como 5 compañías de alquiler, 4 de ellas las típicas internacionales, con varios pasajeros de nuestro vuelo esperando allí, y una local vacía (por el listado del aeropuerto, ya no está). Preguntamos precio en la agencia local y era menos de la mitad que el de las marcas reconocidas. Sin dudarlo alquilamos con ellos y no tuvimos un mal problema con el coche. Salvo que no tenía mucha potencia, pero tampoco nos hizo falta más para recorrernos la isla de punta a punta (serán como unos 150 kms. de norte a sur la distancia máxima que se puede hacer).

Al igual que puedo hablar maravillas del carácter abierto y acogedor de los majoreros y de su hospitalidad sin límites, no puedo recomendaros ni deciros nada sobre el alojamiento turístico en la isla. Las dos veces que he ido me he quedado by the face en casas de amigos en Corralejo o en la capital, Puerto del Rosario. Aunque ya se lo he dicho algunas veces, nunca son suficientes: gracias, gracias, gracias.

Coche alquilado, compra hecha en el super (entre las que no podía faltar las cervezas isleñas, Tropical y Dorada, suaves y refrescantes, muy recomendables) y alojados convenientemente como si estuviéramos en nuestra casa. Es el momento de echarse a las calles.

Nuestro primer destino fue El Cotillo, básicamente por la hora que era, muy cercana al atardecer. Es un pueblo mínimo, con lo cual, en nada dimos con un bar cercano a la playa donde hacían unos zumos naturales estupendos, en cuya terraza nos apoltronamos durante un par de horas para ver una puesta de sol espectacular.

Al día siguiente nos dividimos la isla en partes y días para no dejarnos nada por ver. El ritual cotidiano era el siguiente: subíamos al coche, el Sr. Marqués ponía un cd de música indie que sólo le gusta a él, se recostaba en el asiento de atrás y procedía a echarse una cabezadita hasta llegar al destino. Nosotras aprovechábamos el momento en el que le oíamos respirar pausadamente (o roncar directamente) para cambiar de música.  

Así, por carreteras desiertas fuimos descubriendo paisajes deshabitados, pueblos con encanto y gente encantadora. Del interior, recomendaría siempre visitar Betancuría– la primera capital de Fuerteventura, al lado de la cual se encuentra la Iglesia de la Virgen de la Peña, patrona de la isla-, Pájara, La Antigua y La Oliva, y de los pueblos costeros, además de El Cotillo, merece una mención especial Ajui y sus cuevas, las formaciones rocosas más antiguas de la isla.

El paraíso hippie de Isla de Lobos

Isla de Lobos

Ubicado entre Fuerteventura y Lanzarote, se encuentra el islote de Lobos, una isla minúscula que hasta yo me recorrí a pie en uno de los dos senderos marcados que hay. A pesar de lo que pueda parecer por su tamaño, es una visita imprescindible, ya que toda ella está protegida y declarada Parque Natural. Desde Fuerteventura se accede a ella a partir de los ferries que salen con bastante regularidad desde el Puerto de Corralejo.

¿Quién necesita irse al Caribe?

Elegir cuál es tu playa preferida de Fuerteventura es misión imposible. Yo me quedo con estas tres por los momentos vividos en cada una de ellas.

En Fuerteventura sopla el viento. En mayo de 2014, las invitadas majoreras a la boda de tarde aprovecharon la mañana para ir a la peluquería a hacerse sus convenientes recogidos. Nosotros -entre los cuales se incluían dos surferos- decidimos irnos a la playa de las Dunas de Corralejo y peinarnos en casa. Llegamos a la boda con el pelo como Bridget Jones cuando se baja del descapotable de Daniel Cleaver.

Otro de los lugares donde también sopla el viento con bastante fuerza es la playa de Sotavento, que ha sido varias veces el lugar escogido para celebrar los campeonatos mundiales de windsurf. En enero de 2013 nos hizo un día espectacular, así que aprovechamos para pasearla y para comer en un chiringuito con los pies en la arena. Del paseo recuerdo que nos cruzamos con varias parejas de jubilados alemanes haciendo nudismo sin ningún tipo de pudor, y del chiringuito– además de la experiencia impagable de comer en la playa sintiendo la arena caliente en los pies- que fui al baño y estaba ocupado. Me vio una de las camareras y me dejó la llave para que usara el de empleados, con total confianza, aunque accedí a la zona donde estaban las taquillas con todas sus pertenencias personales.

La zona sur de Fuerteventura es conocida por sus playas salvajes y kilométricas, entre la que destaca Cofete. Aunque en la oficina de turismo nos advirtieron que solo se puede acceder por pista de tierra, que el camino es malo y que el seguro del coche de alquiler no cubre si tenemos algún percance (es bastante fácil pinchar con alguno de los múltiples guijarros de todo tamaño que conforman la pista de tierra), allí que fuimos sin pensárnoslo dos veces. Tardamos 2 horas en llegar, pero mereció la pena: ante nuestros ojos teníamos una playa de más de 10 kilómetros de longitud, en la cual habría un máximo de 10 personas (sin exagerar).  La paz más absoluta.

Unos años antes de descubrir Fuerteventura, había estado en Lanzarote con el Sr. Marqués. La isla y su clima nos gustó tanto que fantaseábamos con disfrutar de nuestra jubilación allí en los meses de frío peninsular. Una vez conocida Fuerteventura, ya no lo tenemos tan claro. Tendremos que elegir entre las dos islas.

3 comentarios en “Fuerteventura: paz para el alma”

    1. Cualquier momento es bueno para conocer Fuerteventura. Si vas, cuéntame tú experiencia y si quieres saber algo más, pregúntame y te respondo lo antes que pueda. Un saludo

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