Junio de 2018

Dinamarca en 3 pasos: http://www.3xelmundo.com/dinamarca-3p/

Cuando organizamos la ruta por los castillos o palacios del norte de Selandia no teníamos claro si llegaríamos a algún lugar o lo que estábamos haciendo realmente era descifrar un galimatías en danés: el castillo de Frederiskborg, que también se denomina palacio, está en Hillerod, pero a medio camino entre Hillerod y Helsingor (donde se puede admirar el imponente castillo de Kronborg) está el palacio de Fredensborg.

Como dijo Jack el Destripador: vamos por partes.

Frederiskborg, la primera joya de la corona

Palacio de Frederiskborg

Salimos de Copenhague con la idea clara de visitar tres de los castillos más emblemáticos de Dinamarca y el orden que establecimos fue en función de sus horarios de visita y su distancia en relación con la capital. Con la copenhagen card tuvimos descuento tanto en el transporte como en las entradas a los monumentos.

Como en el caso del desplazamiento a Roskilde, nos plantamos en el mostrador de información de la estación central de Copenhague y allí nos indicaron el andén correspondiente al que debíamos dirigirnos, donde nos aseguramos (mediante señas y el plano) con los viajeros que esperaban el tren que estábamos en el lugar adecuado para llegar a Hillerod y no a Helsingor. Una vez que llegamos a la estación de Hillerod, hay un autobús que te deja muy cerca del palacio (no tiene pérdida por las indicaciones y por los pasajeros del bus, que en su inmensa mayoría eran turistas).

Pasamos gran parte de la mañana visitando el palacio de Frederiskborg. Estuvimos un  buen rato admirando y recorriendo su imponente exterior: está construido sobre tres islas de un lago, cuenta con un jardín barroco, perfectamente limpio y cuidado, y una puerta de entrada, con una fuente dedicada a Neptuno ubicada en un patio que ya nos dejó con la boca abierta y expectantes de lo que pudiéramos encontrar en el interior.

Lo más destacable para nuestro gusto: la capilla (donde se coronaron los reyes daneses durante dos siglos), las 70 habitaciones visitables donde vivieron varias generaciones de las familias reales de Dinamarca, y su impresionante pinacoteca, ya que, desde 1882, el palacio es también Museo Nacional de Historia.

Vacaciones de verano en Fredensborg

Palacio de Fredensborg

A mitad de camino entre Hillerod y Helsingor (a estas alturas del partido ya habíamos despejado un tercio del galimatías) se encuentra la localidad de Fredensborg, un pueblo tranquilo- de hecho no llegaría ni a 10 personas las que nos cruzamos en nuestra breve estancia allí- que alberga el Palacio de Fredensborg, la residencia de verano de la familia real danesa.

Como el interior sólo puede visitarse en julio (nosotros llegamos un mes antes ☹) nuestra visita a la localidad y al palacio fue meramente testimonial: subimos andando hasta el palacio desde la estación (o apeadero desértico más bien, afortunadamente allí no tuvimos que preguntar a nadie ya que sólo había una vía de ida y otra de vuelta), hicimos unas cuantas fotos y volvimos a bajar dando un agradable paseo.

Kronborg: el castillo de Hamlet (o no)

Sin más parada a comer que un sándwich en la estación de Helsingor (o Elsinor, seguimos añadiendo dificultad a la nomenclatura), por la hora que era y el temprano horario de cierre de visita, nos dirigimos hacia el castillo de Kronborg. Este lugar sirvió de inspiración a Shakespeare para escribir Hamlet, a pesar de que este personaje histórico nunca llegó a residir en él. El castillo ha sido el escenario elegido para algunas representaciones de esta obra literaria- de hecho en la visita asistimos a las recreaciones de alguno de sus pasajes más famosos- y además se puede recorrer varias de sus estancias y lugares más recónditos (como las mazmorras, aviso a navegantes: no muy recomendable para claustrofóbicos).

Una vez concluida la visita, dado un tranquilo paseo por Helsingor (y hacernos mil fotos con su sireno) de vuelta a Copenhague hicimos una parada en Humlebaek para recorrer el Museo de Arte Moderno de Lousiana. Flower y yo, que no somos muy fans de esta tendencia artística, nos quedamos con la arquitectura y el diseño del museo, mientras que el Sr. Marqués sí que disfrutó con el contenido. Sobre gustos no hay nada escrito.

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