Junio de 2018

Dinamarca en 3 pasos:http://www.3xelmundo.com/dinamarca-3p/

Cuando llegas a un sitio del que todo el mundo te ha hablado muy bien, siempre surge el reparo de que te pueda decepcionar. En el caso de Copenhague, ocurrió todo lo contrario: la realidad superó todas las expectativas. Es una ciudad tranquila, ordenada, con una arquitectura de contrastes, que combina los edificios del siglo XVI del Nyhavn con las nuevas incorporaciones de elementos tan vanguardistas como la Ópera o el Teatro Real. Ese contraste lo encontramos también en sus habitantes: de primera impresión son serios y distantes, pero cambian radicalmente el gesto y se mimetizan contigo al instante si te diriges a ellos con una sonrisa.

“gratis”, lo mismo en danés y en español

Así nos lo explicó la guía del free tour, pero resulta especialmente irónico que dos idiomas tan diferentes y dos países con una nivel de vida tan dispar vayan a compartir justamente esa palabra.

Copenhague- y el resto de Dinamarca, como os explicaré en un futuro post- es una ciudad cara desde el prisma de un europeo que no sea nórdico. Realmente el viaje (en temporada baja, volando con Iberia Express y con alojamiento en un apartamento maravilloso de Airbnb ubicado al norte del barrio de Vesterbro) nos salió fenomenal de precio (unos 300 euros por persona, 7 días). Pero lo que realmente nos resultó desorbitado en comparación con nuestras paupérrimas economías fueron los gastos de esa semana: comida, transporte y entradas a los lugares de interés turístico (y eso que nosotros no somos de museos).

Como la filosofía de viaje de los 3xelmundo incluye el dicho “a grandes males, grandes remedios”, decidimos que disfrutaríamos de la ciudad como hemos hecho siempre que salimos de casa: sin lujos pero sin privaciones. Y así nos echamos a las calles.

Jardines del Tívoli: el reposo del guerrero

Nuestro primer paseo por la ciudad lo hicimos en un free tour, una opción muy interesante para tener un primer vistazo general de una ciudad al llegar, y a la que nos hemos “enganchado” de unos años a esta parte cuando viajamos por Europa. Se trata de un recorrido explicativo en español por lo más básico de un lugar, acompañado de una persona que vive en esa ciudad. Los guías viven de las propinas y de otros tours pagados que intentan venderte en el descanso del recorrido gratuito, con lo cual intentan hacerlo lo más ameno posible.

En el caso de Copenhague, nos sirvió para orientarnos en lo que es el centro de la ciudad y los básicos imprescindibles: La Plaza del Ayuntamiento, la calle Stroget (la calle peatonal más larga de Europa) con sus impresionantes plazas cargadas de historia a cual más espectacular, el Palacio de Amalienborg– residencia oficial de la familia real danesa en pleno centro de la ciudad donde hay un cambio de guardia a diario que congrega casi tanto público como el de Buckingham Palace de Londres-, o el Nyhavn, la postal más reconocible de Copenhague.

Pertrechados de información sobre las posibilidades de Copenhague y más (Flower y el Sr. Marqués) o menos (yo) ubicados en la ciudad, tratamos de comer en una zona de puestos callejeros que hay al lado del canal principal. Sólo aceptaban tarjetas y nosotros llevábamos efectivo, las tarjetas las habíamos dejado en el apartamento, para qué. Así que al final terminamos en un bar de comida rápida de una callejuela donde degustaríamos una de las especialidades de la cocina internacional que sirven por toda la ciudad y que fue nuestra base de alimentación esos días: oriental (wok), italiana (pizza) o americana (hamburguesas). Lo único típicamente danés que probamos en 7 días fue el smorrebrod, en una tienda pequeña atendida por una señora super amable a la que llegamos gracias a las recomendaciones que leímos en Trip Advisor.

Llegó la tarde y con ella escogimos uno de los lugares con más encanto para contemplar un atardecer: El parque de atracciones Tívoli, ubicado en pleno centro de la ciudad y construido en 1843. Pasear por sus jardines y montar en sus atracciones es retroceder en el tiempo al año de su fundación. Por supuesto, para finalizar, había que descansar en una hamaca a contemplar su archiconocida puesta de sol. Lástima que estuviera medio nublado ese día. Eso sí, fue el único día que el Sr. Marqués no fue fiel su ritual cotidiano de ese viaje: invadido por el espíritu hyggie danés (la felicidad de las pequeñas cosas), procedía a echarse una cabezadita en cada hamaca que encontraba por la ciudad. Y hay unas cuantas.

El otro Copenhague

Más allá del centro de Copenhague, hay varios puntos de la ciudad que merecen una visita sin lugar a dudas. Se puede llegar a ellos en transporte público (caro) o te puedes imbuir del carácter más representativo de los daneses: ir en bicicleta a todas partes. Copenhague tiene 350 kilómetros de carril bici amplio, bien señalizado, con unas normas de circulación que todos conocen y respetan. Las bicicletas se pueden alquilar en distintas compañías privadas que se dedican a eso o en cualquier tienda de bicicletas que te encuentras a cada paso. Nosotros nos decantamos por esta última opción, y alquilamos durante dos días.

Así, a mi ritmo (me adelantó una señora que tenía todos los años del mundo, que además iba cargada con un carrito frontal) y ante la desesperación a veces de Flower y el Sr. Marqués porque no conseguía seguirles el suyo (fueron los únicos que perdieron la paciencia conmigo, porque, a pesar de mi torpeza y mis infracciones, por parte de los daneses no recibí ni un reproche ni un mal gesto, y puedo asegurar que me los gané todos a pulso), en esos dos días pudimos llegar hasta los multiculturales barrios de Norrebro y Ostebro, con su mezcla racial y su estética vintage, ver la huella que la familia Calbsberg ha dejado en Copenhague, visitar la mítica ciudad independiente de Christiania  y, por supuesto, hacernos el imprescindible selfie con La Sirenita (que sí, que es más pequeña que lo que te imaginas, pero sólo por sus alrededores, con la fuente Gefión y la iglesia de San Albano, bien merecen el paseo hasta allí).

Una vez que teníamos “hecha” toda Copenhague, nos quedaban días para visitar otros puntos de Dinamarca, de manera que cogimos una guía y una calculadora para decidir qué ver y cuál era la forma más económica de hacerlo. El resultado: en el próximo post.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *