Chiang Rai: blanco, negro y azul

Publicado el Por 3xelmundo
templo blanco Wat Rong Khun en Chiang Rai

Después de un día estupendo en contacto con la naturaleza en Doi Inthanon y más de 3 horas de autobús (que yo aproveché para echar una cabezadita a pesar de los vaivenes que iba dando el conductor en un trayecto lleno de obras) llegamos de noche a Chiang Rai. Era nuestra última parada del viaje antes de irnos a la playa a descansar (próximo post) y queríamos aprovechar las 24 horas que teníamos por delante para ver las famosas joyas arquitectónicas de la ciudad, de las que tan bien nos habían hablado. Se quedaron cortos.

Templo blanco: extravagancia al extremo

O te espanta o te encanta, lo que no se le puede negar es que el Wat Rong Khun se ha convertido en uno de los templos más visitados de Tailandia por su singularidad y que no deja indiferente a nadie. Su edificación comienza en los años 20, pero es a partir de 1997 cuando el artista local Charlemchai Kosipipat se hace cargo de su reconstrucción y le impone su particular y característico estilo. Sus obras todavía están por finalizar.

Wat Rong Khun (Templo blanco)

Lo que se podía ver el año pasado (al módico precio de 50 baths, poco más de 1 euro, todos los detalles en la sección «en 3 pasos«) es un conjunto arquitectónico de varias construcciones presidido por el templo blanco, un color que representa la pureza. Destaca por su ornamentación recargada- no hay un solo rincón del exterior que no esté tallado, con una conjunción perfecta de blancos y plateados que reflejan cada rayo de sol- y por las figuras mitológicas que lo guardan.

Wat Rong Khun (templo blanco)

Al templo se accede por el puente de la resurrección (en el budismo, el que va desde la muerte a la reencarnación), junto al cual, antes de empezar a cruzarlo, te encuentras una escultura con manos que se alzan hacia ti, representando los males de la humanidad o el infierno. Si te atreves a seguir adelante en el puente y escapar de esas manos que te llaman, te reciben dos gigantescos rahus (foto superior) que simbolizan la muerte, a los que hay que dejar atrás para llegar hasta la Puerta del Cielo (foto superior), que da acceso al interior del templo.

Wat Rong Khun (templo blanco)

El interior, donde no se permite hacer fotos, es la muestra más clara de la extravagancia del templo. Se mezclan allí los símbolos religiosos con un mural dedicado a los atentados del 11S, entre otras referencias a hechos y celebridades mundiales del siglo XX y XXI . Todos los edificios y esculturas que rodean al principal (el de esta foto, por ejemplo, son los servicios públicos del templo) son una muestra más de ese eclecticismo que no es del gusto de todo el mundo (os doy más pistas y fotos en la sección «en 3 pasos«). A mí me encantó.

Big Buda: iconografía de la belleza

Big Buda Blanco en Wat Huay Pla Kung

Después de quedarnos con los ojos abiertos como platos con lo que habíamos visto en el templo blanco, nuestro conductor de tuk tuk (al que le marcamos lo que queríamos ver, pero no la ruta, para que él nos llevara según mejor le pareciera), nos llevó hasta el Big Buda Blanco, situado junto al Wat Huay Pla Kung, a unos 10 kilómetros a las afueras de Chiang Rai.

Allí, según llegamos, nos recibió esta imponente figura, que a mí me cautivó especialmente nada más verla, por su sonrisa y sus labios pintados de rojo, me pareció toda una alegoría a la coquetería femenina, un «antes muerta que sencilla», hasta para ser estatua.

Le devolvimos la sonrisa y nos encaminamos hasta el Wat Huay Pla Kung, (más detalles en la sección «en 3 pasos«), donde realizamos una ofrenda de comida que los monjes nos aseguraron que iba destinada a residencias de niños y ancianos con pocos recursos.

Museo Baandam, no sólo en negro

Llegamos al Museo Baandam pensando que era un templo y lo que nos encontramos fue un conjunto arquitectónico singular y elementos de decoración y arte del creador tailandés Thawan Duchanee, de quien nos declaramos fans desde la visita a este recinto.

Formado por 40 construcciones, alrededor de la central «casa negra» o «templo negro» (cuyo exterior en tonos oscuros y su tejado de teka le han otorgado este nombre), cada una de ellas tiene un estilo diferente y alberga en su interior objetos de decoración singulares (ver más detalles en la sección «en 3 pasos«), desde pinturas de Duchanee hasta pieles de cocodrilo disecadas, calaveras o cuernos de animales.

Templo azul: si me dan a elegir…

«… yo me quedo contigo». No podía sacarme en todo el día esa canción de la cabeza desde que puse un pie en el templo azul o Wat Rong Suea Ten. Chiang Rai fue una vista de 24 horas cargada de emociones, por lo que me transmitía la ciudad y por ser la última que visitábamos. Teníamos la sensación de que el viaje a Tailandia terminaba allí, aunque todavía nos quedaba mucho por vivir. Pero a partir de Kho Tao todo fue diferente, como si ya no estuviéramos en el país. Pero no adelantemos acontecimientos, nos quedaba una auténtica maravilla por descubrir todavía.

Wat Rong Suea Ten (templo azul)

Había visto fotos, y sabía que me iba a gustar, aunque sólo fuera porque el azul es mi color preferido. Pero ese recibimiento con esos dos guerreros imponentes en la puerta, y esos dragones custodiando la entrada me hechizaron completamente.

Su restauración comienza en 2005, de la mano del arquitecto Phutha Kabkaew, que reconoce haberse inspirado en algunas obras de Tahawan Duchanee presentes en el Museo BaanDam.

Wat Rong Suea Ten (templo azul)

De la decoración exterior, lo que más me gustaron fueron las figuras de los guerreros, que no mostraban una actitud bélica, sino más bien protectora. Éste en concreto y salvando las distancias, con sus alas, me recordaba más a un ángel cristiano que a cualquier figura budista de las que habíamos visto hasta el momento.

Wat Rong Suea Ten (templo azul)

Del interior recuerdo especialmente la preminencia del color azul por paredes, columnas y techos. De hecho, una trabajadora del templo me explicó que el azul simboliza el cielo o lugar donde se han ido nuestros allegados y de donde nos protegen. Se me hizo un nudo en la garganta. Realmente me sentía segura allí.

Y se acabó ver monumentos, la visita a Chiang Rai había sido corta pero intensa y muy gratificante. Todavía nos quedaban unas horas para pasear por el centro de la ciudad, descansar, salir a cenar… ¿Queréis saber lo que nos encontramos? (vídeo y sección «en 3 pasos«).

Viaje realizado con Hara y el Sr. Marqués en septiembre de 2019

Chiang Rai en 3 pasos: http://www.3xelmundo.com/chiang-rai-en-3-pasos/

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